Para el año 2007, dieciséis años después de su inicio, la etapa de eco-reforestación ya presentaba algunas áreas donde los árboles habían alcanzado un desarrollo tal, que los daños ocasionados por eventuales incendios forestales habrían sido relativamente menores.

Tomando esta situación en consideración, y, viendo que los árboles sembrados continuaban siendo, hasta ese momento, el único alimento para los distintos insectos (plagas) durante la estación seca, el Ing. Manuel Víquez nos aconsejó “probar” a suspender la corta de la vegetación herbácea en estas áreas; vegetación mal considerada por nosotros, hasta ese entonces, como “maleza”, con su correspondiente connotación negativa.

Los resultados obtenidos fueron excelentes, ya que el hecho de permitir crecer la vegetación dio lugar a un proceso muy rico y dinámico, donde el crecimiento inicial de pastos comenzó a dar lugar –paulatinamente- a una diversa y variada vegetación propia de un bosque secundario, y, en la cual, ¡han comenzado a crecer -sin nuestra intervención directa– toda una rica variedad de plantas, arbustos y árboles!

Podemos afirmar que esta acción llevó el proyecto a una nueva etapa, un cambio de concepto, donde, de una colección de árboles nativos sembrados por nosotros mismos, como lo era el proyecto hasta ese momento, nos encaminamos hacia un verdadero proceso de restauración ambiental, donde existe evidencia de estarse reiniciando la dinámica natural del bosque.

Aspecto del proyecto en diciembre del 2003 donde se manifestaba el concepto que se tenía hasta ese momento: una colección de árboles sembrados por nosotros

Aspecto del área reforestada, al dejar de cortarse la vegetación

Efecto de la suspensión de las chapeas.

El crecimiento libre de la vegetación alrededor de los árboles sembrados permitió que la presión de las plagas sobre estos árboles se redujera sustancialmente, al constituirse esta vegetación en un alimento alterno a estas plagas, así como también en el “hogar” para promover el surgimiento de otros insectos que, a su vez, brindan un control natural de estas plagas.

Aspecto de un área reforestada vista desde un área que aún no se había reforestado al momento de la toma de la fotografía

area-reforestada-vista

Langosta alimentándose del pasto que aún crece en parte del área reforestada

Es así como, tras esta nueva etapa en el proyecto, en terrenos previamente deforestados, hemos ido logrando desarrollar áreas con importantes densidades y desarrollos forestales, con presencia de valiosas especies nativas, en las cuales la dinámica del bosque natural da muestras de estarse reiniciando.

Claro está, no todas las áreas dentro del proyecto han respondido a este proceso de crecimiento natural de la vegetación de la misma forma, ni tampoco en la misma velocidad, siendo que en algunas áreas aún predominan los pastos. Es claro que el proceso de restauración tomará años. Sin embargo, motiva muchísimo constatar la existencia de áreas que dan muestras de una diversidad cada vez más rica y variada, con flores y frutos silvestres que nos sorprenden con su belleza, y que contribuyen en forma importante a la atracción de la fauna.