Evidentemente, algunos de los arbolitos que están naciendo en el proyecto -sin nuestra intervención directa- al dejar crecer la vegetación, son hijos de los mismos árboles re-introducidos por nosotros años atrás en el proceso de reforestación; otros, en cambio, han llegado ahí, desde fuera del proyecto, por la acción de la fauna o del viento, poniendo en evidencia la rica dinámica de la dispersión de las semillas.

Arbolitos de guayacán real nacidos sin nuestra intervención directa

Arbolitos de guayacán real nacidos sin nuestra intervención directa

Vemos así cómo los árboles reforestados por nosotros años atrás no sólo aportan las semillas para una nueva generación de árboles, sino que brindan además las condiciones adecuadas para que estas semillas puedan germinar y desarrollarse.

Esta primera generación de árboles, constituida por los árboles por nosotros sembrados, aporta para las generaciones subsiguientes:

  • La protección contra el viento excesivo
  • La sombra requerida por arbolitos recién nacidos
  • Todo un sustrato constituido por hojas y ramas que caen desde los mismos, contribuyendo así a la formación y enriquecimiento del suelo
  • Como resultado de lo anterior: la creación de un ambiente que conserva la humedad requerida por los nuevos arbolitos, arbustos y plantas, permitiéndoles poder germinar y crecer todo lo cual, a su vez, brinda las condiciones propicias para este proceso de restauración ambiental.

Adicionalmente, con sus ramas y sus frutos, esta primera generación aporta:

  • El atractivo para que la fauna se desplace hasta el sitio, trayendo consigo las semillas de los frutos ingeridos en otros lugares, contribuyendo así a su dispersión.

Acumulación de materia orgánica sobre el suelo, proveniente de los árboles reforestados (obsérvese los hongos en las ramas caídas).

Proceso natural donde las ramas van muriendo, adquieren hongos, comején, y finalmente caen al suelo reincorporándole sus nutrientes.

El proceso de dispersión de las semillas resulta particularmente interesante de observar en un área del proyecto que inicialmente consideramos -evidentemente en forma errónea antes de poder capitalizar esta experiencia- que estaría ajena a este proceso de restauración ambiental: las 3 hectáreas sembradas con árboles de mango.

En el sector sur oeste del proyecto (esquina inferior izquierda en la siguiente foto aérea –año 2004-) siempre permitimos que las hojas caídas de estos mangos permanecieran libremente sobre el suelo, formando así toda una gruesa capa de hojas sobre él.

De Google Earth, marzo del 2004

google-earth-2004

Con el paso de los años, los árboles de mango han comenzado a morir, debido a la relativamente corta vida de los árboles injertados. Interesantemente, una importante cantidad de arbolitos de distintas especies forestales vienen tomando su lugar. Es claro que la fauna atraída por las frutas de mango (urracas copetonas, loras, oropéndolas, ardillas, etc.) fueron las que llevaron hasta ahí las semillas de estos otros arbolitos, las cuales, bajos las capas de hojas secas y/o podridas, encontraron el ambiente propicio para germinar y crecer.

Resulta interesante percatarse que este intercambio recíproco de semillas dentro del proyecto, entre el área de mangos y el área de forestales nativos, debe estarse generando, igualmente, entre San Lorenzo y su entorno. Así como la acción del viento, y, la fauna, están trayendo semillas desde fuera, lo cual explica el nacimiento de diversas especies que no estaban presentes anteriormente en el proyecto, evidentemente tienen que estarlas llevando desde San Lorenzo hacia afuera.

La observación anterior nos lleva a constatar una importante realidad: el impacto del proyecto de eco-reforestación no queda confinado por los límites de la propiedad, sino que trasciende a la misma. El proyecto se convierte así en una valiosa fuente de aprovisionamiento de semillas para su entorno, y, en un agente de re-introducción de especies que ya no estaban presentes en la zona.

La observación anterior nos lleva a otra interesante reflexión: ¡El impacto generado por la traída de un arbolito desde un vivero lejano no se limita únicamente a ese arbolito, sino que, con el tiempo, se multiplica enormemente y se extiende a todo su entorno, a través de los frutos y semillas que este arbolito producirá a lo largo de su vida, y, a la acción de la fauna que contribuirá a su dispersión!

Claro está, el futuro de las semillas que salgan de San Lorenzo dependerá de las nuevas condiciones que encontrarán. ¡Ojalá que tengan la oportunidad de germinar y desarrollarse!