Como fruto de sus cualidades, la madera del guayacán real vino a constituirse, a lo largo de muchos siglos, en el material idóneo para una variada gama de usos y aplicaciones.

A partir del siglo XVI comenzó a ser utilizada intensamente en:

  • Diversas piezas estructurales en la construcción de barcos
  • Roldanas de poleas
  • Orificios de soporte para postes o ejes
  • Rodines
  • Mazos de carpintería
  • Ejes de carruajes y de carretas

Con el paso del tiempo, la madera de guayacán real comenzó a emplearse en partes y componentes para los mecanismos y maquinarias que iban siendo inventadas y desarrolladas.

Mención especial, donde podemos apreciar la relevancia de esta madera, la merecen los relojes del famoso inventor del cronómetro marino, el inglés John Harrison (1693-1776), cuyos relojes, con las partes críticas –las más importantes– fabricadas con madera de guayacán real, han trabajado continuamente por más de 250 años.

Las islas Bahamas, primer territorio pisado por Colón y sus hombres, con gran abundancia inicial de guayacanes reales, pasó del dominio español al dominio inglés algún tiempo después, por lo que los ingleses trasladaban hasta su país grandes cantidades de madera de guayacán real, a la cual daban diversidad de usos.

En una época en que los únicos relojes conocidos eran los de péndulo, ¿cómo hacer para mantener la precisión en un reloj a bordo de un barco agitado constantemente por las olas?

Para resolver esta necesidad, el señor Harrison inventó y desarrolló un mecanismo totalmente revolucionario para la época: ¡el mecanismo de ruedas dentadas! Fueron las características tan especiales de la madera de guayacán real las que hicieron posible, en aquella época, que el invento del genial Harrison pudiera ser implementado exitosamente.

La gran precisión de sus cronómetros fue constatada en viajes realizados en barco desde Inglaterra hasta Jamaica, en una primera ocasión, y, desde Inglaterra hasta Barbados, en una segunda oportunidad. El cronómetro de Harrison se retrasó tan sólo 5 segundos en 80 días de navegación a través del Océano Atlántico. La lubricación natural de la madera de guayacán real permitió calibrar los mecanismos hasta ese grado de alta precisión, considerándose que cualquier otro tipo de lubricación hubiera afectado la precisión del cronómetro.

A partir de los siglos XIX y XX sus usos incluyeron adicionalmente:

  • Traviesas (durmientes) de ferrocarril

Es un hecho histórico que los durmientes utilizados en las líneas férreas para la construcción del Canal de Panamá, magna obra de ingeniería -sobre todo para aquella época- fueron de madera de guayacán real, la cual se consideró idónea por su resistencia mecánica y su resistencia al inclemente clima en el sitio.

  • Usos más variados y especializados en la industria naval

Estos usos incluyen, de manera prominente, el empleo del guayacán real en la fabricación de cojinetes para los ejes de las hélices de las embarcaciones.

Por miles de años, el ser humano había navegado, a través de ríos y mares, aprovechando la energía del viento que presionaba sus velas e impulsaba sus navíos. Fue el viento el que impulsó las embarcaciones de Cristóbal Colón, La PintaLa Niña, y La Santa María, desde el Puerto de Palos, en España, hasta las islas Bahamas, en aquel recorrido histórico del 3 de agosto al 12 de octubre de 1492.

Siglos más tarde (Siglo XVIII), y, en procura de no estar a merced de los vientos, fueron inventados los barcos de motor a vapor; primero con ruedas de paletas; siendo superados, a inicios del Siglo XIX, por los barcos de hélice. Hacia finales del siglo XIX los motores de combustión interna (Diesel) desplazarían a los de vapor, consolidándose el empleo de las hélices.

Ahora bien, ¿cómo transmitir la energía desde el motor, localizado dentro del barco, hasta la hélice, sumergida en el agua, y localizada fuera de él? ¡Obviamente a través de un eje que comunique ambos elementos atravesando el casco del barco!

Sin embargo, lo que en teoría resulta muy sencillo, en la práctica conllevaba una gran dificultad: el eje debe estar muy bien sujeto al casco del barco, tanto para evitar su desplazamiento lateral, como el ingreso de agua hacia la embarcación. Pero, a su vez, esta sujeción debe permitir que el eje pueda rotar a altas velocidades, tan libre como sea posible, con un mínimo de fricción y de desgaste por abrasión entre las superficies de los elementos en contacto.

Se necesitaba, por lo tanto, de un material muy especial que fuera muy fuerte, que pudiera trabajar en contacto con el agua, y, que minimizara la fricción que tendría que producirse entre las dos superficies: la superficie rotante del eje, y, la superficie fija del elemento que tendría que confinar al eje.

¿La solución? ¡Los cojinetes fabricados a partir de madera de guayacán real! ¡Sus características mecánicas, y, nuevamente, muy particularmente su auto lubricación, hicieron de ella el material idóneo para esta aplicación!

Es así como la madera de guayacán real se convierte, a partir de inicios del Siglo XIX, en el “estándar” para esta aplicación en la industria naval. Y… no sólo en la industria naval civil, sino también en la militar. Destructores, submarinos, barreminas, rompehielos polares, y, en general, todo buque de gran envergadura, tenía sus cojinetes fabricados a partir de madera de guayacán real. El USS Nautilus, primer submarino de propulsión nuclear que surcó los mares (en servicio desde 1954 hasta 1980), y primer embarcación que navegó bajo el casquete polar en el Polo Norte, fue fabricado empleando cojinetes de guayacán real para su hélice.

No es sino hasta la segunda parte del Siglo XX que comienza a probarse la sustitución del guayacán real con novedosas aleaciones metálicas, y en años más recientes, con materiales plásticos. Sin embargo, se afirma que ninguno ha demostrado poder superar el desempeño de la madera de guayacán real.

  • Cojinetes para turbinas hidroeléctricas

Un dilema muy similar al que se había enfrentado para resolver la situación de los ejes de las hélices en los navíos, fue enfrentado por los ingenieros al momento de construir las primeras turbinas para proyectos hidroeléctricos. ¿La solución? ¡La misma!: cojinetes fabricados con madera de guayacán real.

El uso de la madera del guayacán real en este tipo de aplicación se extiende hasta la actualidad, compitiendo ventajosamente con la industria metal mecánica moderna y otros nuevos productos sintéticos.

En el sitio de Internet www.lignum-vitae.com se afirma que el United States Army Corps of Engineers, que es la organización responsable en los Estados Unidos por la investigación, implementación y mantenimiento de los recursos hídricos y otros recursos ambientales relacionados, comparte plenamente el criterio de que los cojinetes modernos no alcanzan, en las plantas hidroeléctricas, los niveles de durabilidad y desempeño de los cojinetes fabricados con madera de guayacán real.

Específicamente, se cita el caso de las especificaciones técnicas de un cartel licitatorio de esta organización donde se consignó: “Los cojinetes originales de las turbinas hidráulicas, hechas de madera de guayacán real, duraron desde 1934 hasta el año 2001 (¡estuvieron en servicio durante sesenta y siete años!). Los materiales modernos empleados para cojinetes no son aceptables debido a su incapacidad de igualar las características de la madera del guayacán real”.

Es claro que en un proyecto hidroeléctrico el tema de la vida útil y del mantenimiento de los cojinetes es un aspecto de vital importancia. Se considera normal que los cojinetes de guayacán real no necesiten de mantenimiento alguno durante los primeros 25 – 30 años del proyecto, contra lo cual ningún otro material puede competir.

Es por lo anterior que no es de extrañar que para el primer proyecto hidroeléctrico que se desarrolló en los Estados Unidos, en el año 1882, el material especificado para los cojinetes de las turbinas fuera la madera de guayacán real.

Según esta misma fuente, en la actualidad existen en este país 3.882 proyectos hidroeléctricos en operación con cojinetes de guayacán real, conociéndose el caso de un proyecto, cuyo centenario fue celebrado algunos años atrás, el cual aún tenía en operación los cojinetes originales de guayacán real…

El empleo de la madera del guayacán real se convirtió en el “estándar” de la industria de los cojinetes para proyectos hidroeléctricos, teniendo la ventaja de que no contaminan con trazas de metal ni con restos de lubricantes las aguas que pasan por las turbinas, constituyéndose en una excelente solución natural y ambiental.

Para los años venideros, se informa en este mismo sitio, se vislumbra el uso del guayacán real como el material idóneo para los cojinetes en la nueva generación de turbinas generadoras de electricidad a partir de la energía de las olas y/o de las mareas.

  • Calzas para aserraderos

La dureza y auto-lubricación de la madera del guayacán real la hace ideal para que la pieza de madera por aserrar deslice suave y fácilmente contra la calza, evitando así fricciones, movimientos indeseados y sobrecalentamientos.

  • Engranajes, dientes de trapiches, etc.

Y otros usos más cotidianos tales como:

  • Empuñaduras para herramientas
  • Batones para la policía (Los cuerpos policiales de Gran Bretaña consideraban al guayacán real idóneo para esta aplicación, ya que, a pesar de su dureza, a diferencia de los elementos metálicos, el golpe del batón no rasga la piel…)
  • Mazos para los jueces (¡Orden en la corte! ¡Orden en la corte!)
  • Bolos de boliche (Antiguamente una gran mayoría eran de madera de guayacán real, luego fueron siendo sustituidos por materiales modernos)
  • Bolas de cricket (¡Ideales para condiciones ventosas!)
  • Artesanías
  • ¡Piezas de ajedrez!
  • Tazones y palos para machacar y triturar alimentos o distintos materiales
  • Diversidad de herramientas e implementos… ¡hasta peinetas para el cabello!
  • Muebles (¡Especiales para la intemperie!)
  • ¡Trompos! (¡Los niños y jovencitos de la Costa Rica de los años 1960s sabían muy bien que sus trompos de guayacán real aguantaban sin problema el ataque de los trompos de sus amiguitos construidos con otras maderas, mientras que los de guayacán real sí eran capaces de destruir los de las otras maderas… J )

Y… usos más distinguidos, como las esculturas fabricadas a partir de esta madera, colocadas en los sitios más elegantes y exclusivos, incluyendo algunos palacios de la realeza europea, entre ellos, por supuesto, el Castillo de Windsor, residencia de la monarquía inglesa.

Dadas sus características, la madera del guayacán real resulta idónea para ser trabajada en un torno.

Este tipo de usos hizo que a la madera del guayacán real se le llegara a conocer también, en los países de habla inglesa, como “Iron Wood”, que, traducido al español es: madera de hierro.

Y… también, a lo largo del tiempo, diversos usos “medicinales”, en los cuales se utiliza el guayacol, tales como:

  • Una diversidad de medicamentos que van desde la tos hasta la artritis y el reumatismo, incluyendo la homeopatía
  • Tratamiento contra las enfermedades venéreas y la gota

Muchos de estos usos se han descontinuado en la actualidad. Sin embargo, este tipo de usos contribuyó siglos atrás a que el nombre popular que se le asignó al guaiacum sanctum y al guaiacum officinale fuera lignum vitae, que son las palabras en latín para madera de vida.

Se debate hasta dónde llega el límite entre la realidad y la fantasía en cuanto a las propiedades medicinales del guayacol, cuya aplicación se remonta en el tiempo hasta la cultura aborigen taína. Los estudios más recientes confirman, entre otros, la presencia de agentes anti-inflamatorios en el guayacol, con sus consecuentes aplicaciones y beneficios, por lo cual, como suele suceder, habrán aplicaciones de comprobada eficacia, mientras que otras probablemente no lo sean.

Confiamos en que la difusión de los usos y aplicaciones de la madera de guayacán real, y su exquisita historia, donde podemos apreciar cómo esta madera ha sido protagonista en diversos eventos de trascendencia mundial durante los últimos cinco siglos, contribuya positivamente a incrementar el conocimiento, la admiración, y, el respeto, hacia esta magnífica especie forestal, propiciando su conservación por todos los medios a nuestro alcances, y no, que por el contrario, promueva que un árbol termine cortado en astillas dentro de una olla con agua hirviendo, a fin de probar si sirve para tal o cual dolencia o enfermedad… ¡Esperemos haber aprendido algo, como civilización, en estos quinientos años!!!