En marzo de 1991, tan pronto se adquirió San Lorenzo, se contactó el proveedor de los arboles que se estarían plantando: un ingeniero forestal radicado en Liberia.

Las lluvias iniciaron con gran intensidad en mayo de ese año, lo que nos motivó a acelerar el proceso de siembra, y, para el mes de junio, ya se tenían sembradas las once hectáreas destinadas a las especies forestales nativas, con tres mil quinientos arbolitos de diversas especies nativas del Bosque Tropical Seco, entre ellas, trescientas pseudo estacas de pochote (Bombacopsis quinata).  Las restantes tres hectáreas de la propiedad se reservaron para una plantación de mangos.

Alegre e inocentemente, muy satisfechos por la siembra realizada, creíamos en ese momento que en lo sucesivo nuestra labor se limitaría a chapear la “maleza” y ver crecer los árboles. No sabíamos que apenas comenzaba nuestro proceso de aprendizaje, y, la lucha contra toda una serie de adversidades: