Las sequías

A las pocas semanas de sembradas las once hectáreas, el fenómeno climatológico de El Niño hizo su aparición, y, como consecuencia del mismo, desde mediados de junio -y por espacio de varios meses- prácticamente no hubo lluvias en la zona.

Como resultado de esta sequía, se tuvo una alta tasa de mortalidad en los trescientos pochotes, y una pérdida prácticamente total en las demás especies forestales, ya que, de los tres mil doscientos arbolitos sembrados ¡únicamente lograron sobrevivir dos!  ¡Ciertamente los pochotes demostraron una mejor capacidad para sobrellevar la condición de sequía!

Ante este primer obstáculo tomamos la decisión de continuar con el proyecto, pero, sembrándose únicamente aquello que pudiera ser irrigado durante los primeros años, lo cual nos obligó a un desarrollo gradual, de unos cuantos cientos de árboles por año, dado lo limitado del presupuesto familiar del cual debían tomarse los recursos económicos para desarrollar el proyecto.

El tipo de riego que se utilizó inicialmente fue un rudimentario sistema por goteo dada la necesidad de aprovechar, en la forma más eficiente posible, la poca agua disponible en la zona durante la estación seca.

El sistema consistía en una única manguera de polietileno, de 200 metros de longitud, de 25 mm de diámetro, con goteros localizados cada 5 metros, que era justo la distancia de siembra entre los arbolitos. La manguera se iba trasladando manualmente entre las distintas filas de arbolitos conforme estas iban siendo regadas.

Con los años, y, una vez que las condiciones económicas lo permitieron, este sistema fue sustituido por sistemas de riego fijos, siempre por goteo, dado el inconveniente del gran tiempo que implicaba el constante traslado de la tubería móvil, y, la dificultad creciente de esta operación conforme los arbolitos fueron creciendo.

Arbolito de ron rón (Astronium graveolens) sembrado con su respectivo sistema de riego por goteo.

arbolito-ron-ron

A finales de julio de ese mismo año (1991) ingresó al proyecto, en calidad de trabajador, el “entonces” joven Gerardo Antonio Coronado Coronado, quien, a lo largo de estos años, nos ha acompañado en el proyecto, convirtiéndose en nuestro apreciado “Toñito”. Su gran dedicación y amor al proyecto ha dejado huella en San Lorenzo y en nosotros.

La estación seca en esta zona es tan intensa y prolongada (desde inicios de noviembre hasta mediados de mayo), que con el tipo de suelo existente, muy arcilloso, y, ante la ausencia de cobertura boscosa y raíces en el suelo, la tierra rápidamente se agrietaba luego que terminaban las lluvias, formando grietas muy profundas de hasta 15 cm de espesor a lo largo de muchos metros de longitud.

Conforme han pasado los años, y los árboles sembrados han ido creciendo, enraizando y dando sombra, esta situación ha llegado a minimizarse, e incluso, ha desaparecido en sectores del proyecto.

Grieta en el suelo seco

Arbolito de guayacán real (Guaiacum sanctum) sembrado,rodeado de grietas en el suelo desnudo

Cabe señalar, como referencia, que a finales de la década de 1980 se desarrollaron en la zona de Bahía Salinas algunos otros proyectos de reforestación, sin riego. Sin embargo, estas experiencias se implementaron en terrenos con suelos bastante menos arcillosos, y, a la vez, más resguardadas de los vientos, los cuales agravan severamente el problema de pérdida de humedad de los arbolitos durante la estación seca. De igual manera, estos otros proyectos estuvieron restringidos básicamente a la siembra de una única especie: pochote (Bombacopsis quinata), bastante más resistente a la sequía que las demás especies forestales tal como pudimos comprobarlo en San Lorenzo.

Los fuertes vientos

En noviembre de 1991 inició la primera estación seca que el proyecto debía enfrentar, y, con ella, los fuertes vientos alisios. Si bien el problema de las sequías había quedado resuelto con la instalación del sistema de riego, el viento se constituyó en un segundo y serio obstáculo, ya que lograba maltratar y perjudicar bastante los arbolitos, dada la ausencia total de vegetación que sirviera de barrera corta viento. Evidentemente, con la desaparición del bosque, San Lorenzo ofrecía un ambiente realmente inhóspito para la siembra de los arbolitos.

La solución consistió a este problema consistió en “amarrar” los arbolitos, empleando cintas de tela, a estacas clavadas en el suelo en la dirección predominante del viento. Esto permitió contrarrestar, al menos en parte, la acción del viento, que de otra manera lograba incluso volcar totalmente y des enraizar los arbolitos, dada su gran intensidad y, el hecho de que el suelo se encontraba húmedo por la acción del riego.

Actualmente es posible apreciar el efecto que dejó el viento en bastantes árboles, dada la inclinación que produjo en ellos. El empleo de barreras corta viento, empleando pastos, fue desestimada por el riesgo del fuego.

Con el paso de los años, estos vientos nos han llegado a quebrar ramas, o incluso, árboles completos tal como el que se muestra en la siguiente fotografía. A la derecha se presenta una foto de este mismo árbol, tomada años después, donde podemos constatar cómo este árbol continuó su proceso de desarrollo.

Año 2003

arbol-guanacaste

Año 2012

arbol-guanacaste-2

Árbol de guanacaste (Enterolobium cyclocarpum) quebrado por la acción del viento en 2003

El Fuego

Con la llegada de la estación seca se hace presente una gravísima amenaza para el proyecto: los incendios forestales. A lo largo de los primeros años sufrimos en dos oportunidades la pérdida de árboles por la acción del fuego. Afortunadamente, ambos incendios fueron de magnitudes relativamente modestas.

Los terrenos en los cuales se encuentra San Lorenzo tienen una gran capacidad para el crecimiento de la vegetación herbácea: tan pronto inician las primeras lluvias surge vigorosamente una variedad de pastos, así como de “malezas”, las cuales incluyen un bejuco muy agresivo, conocido localmente como “batatilla”, que en caso de no controlarse asfixia rápidamente los arbolitos sembrados. Esta vegetación se seca por completo durante la estación seca, convirtiéndose en un peligrosísimo alimento potencial –combustible– para el fuego.

Todo esto nos obligó a controlar y restringir periódicamente el crecimiento de la vegetación mediante chapeas, ya que, por razones ambientales, nunca se consideró el empleo de herbicidas en el proyecto.

Ahora bien, la chapea conlleva el problema de los restos del material vegetal que quedan sobre la tierra, los cuales rápidamente se secan, no sólo durante la estación seca, sino incluso durante la estación lluviosa si en ella se presentan algunos días de veranillo, todo lo cual representa un grave riesgo de fuego, dada la tendencia de la gente de la zona a «pegar fuego«.

Cabe mencionar que en las dos ocasiones en que tuvimos problemas con el fuego, los incendios se originaron en fuegos iniciados por nosotros mismos, «supuestamente controlados», que pretendían impedir que terceras personas ajenas al proyecto se nos adelantaran, e iniciaran la quema sin ningún control ni supervisión, lo cual hubiera sido de consecuencias desastrosas.

Luego de estos dos incendios, descartamos por completo la práctica de fuegos «controlados», dada la facilidad con que los mismos pueden salirse de control, por la alta variabilidad en las direcciones e intensidades de los vientos.

En estos años hemos visto, en esta misma región, incendios forestales donde una braza encendida es traslada por el viento, en el aire, distancias de cuarenta y cincuenta metros en cuestión de segundos, y abrir así un nuevo foco de incendio.

El problema del fuego no se restringe exclusivamente al problema de los restos chapeados, ya que durante la estación seca el fuego corre rápida y vorazmente en la vegetación constituida por pastos y las malezas secas.

Lamentablemente, el riesgo de que ajenos prendan fuego en esta maleza es tan alto, que esto nos llevó, durante los primeros 15 años del proyecto, a eliminar totalmente esta vegetación al final de cada estación lluviosa. Durante los primeros años la eliminación de la maleza se hizo en forma manual, “macheteando” el monte.

Después de algunos años llegamos a emplear chapeadores mecánicas alquiladas, jaladas con “chapulín”, de manera que la maleza era no sólo cortada, sino también triturada, lo cual eliminaba muy eficazmente el riesgo del fuego.

Alternativamente, podría haberse considerado chapeas con machete, más frecuentes, a fin de evitar grandes acumulaciones de vegetación seca. En nuestro caso, no obstante, el empleo de la chapeadora resultaba más conveniente.

En todo caso, de lo que sí estamos seguros, es que el tema del fuego es un tema sobre el cual debe tenerse muchísimo cuidado. El terreno en el cual se encuentra MAGÓN, el guayacán real milenario del cual hemos tomado los hijos para sembrar en San Lorenzo, vio perderse en pocas horas una bellísima plantación de pochotes (Bombacopsis quinata), cuando el fuego utilizado en una propiedad vecina, para preparar un área para la siembra de frijoles, se extendió y la destruyó. Los incendios forestales suelen ser en esta región un muy serio problema. Todos los años suelen dañar severamente miles de hectáreas en los parques nacionales de la zona.

Las Plagas

Las plagas fueron otro serio problema, muy particularmente en los primeros años del proyecto, ya que, al restringir el crecimiento de la vegetación, ¡los arbolitos sembrados eran el único alimento para los insectos! Resultaba impresionante ver cómo, de un día para otro, un arbolito en perfecto estado se convertía en un maltrecho arbolito, sin hojas, e incluso con sus ramas y tallo principal comidos en sus extremos.

Dentro de las plagas que atacaron los arbolitos podemos citar distintos tipos de insectos, particularmente langostas y mallas:

Plaga de mallas atacando un arbolito de roble sabana

plagas-1

Langosta alimentándose de un brote tierno

plagas-2

Sin duda alguna, la plaga que más daño causó en el proyecto fue la del jogoto, que es la larva del abejón de mayo, siendo esta la que mayores esfuerzos de neutralización nos obligó a emprender.

Los jogotos se comen las raíces de los arbolitos. Resultaba lamentable ver secarse un arbolito que hasta pocos días antes estaba sano. ¡Al sujetarlo nos quedábamos con el arbolito en la mano, ya que sus raíces habían desaparecido! Afortunadamente, en el mercado siempre hubo disponibles distintos tipos de productos que demostraron su eficacia en el control de los jogotos.

No obstante lo anterior, en el año 1993 hubo que resembrar, en su totalidad, tres veces la misma área, ante el insistente ataque de los jogotos. La última vez se logró contrarrestar su efecto impregnando por completo, con veneno, los hoyos donde serían sembrados los arbolitos, así como sus alrededores. En aquel momento, fue una etapa realmente frustrante. Hoy en día esta área es un hermoso bosque.

Afortunadamente, en años recientes, conforme la masa forestal fue creciendo, los jogotos –y en general las distintas plagas de insectos- dejaron de ser un problema en el proyecto, lo cual ha sido muy positivo ya que esto nos ha permitido no volver a emplear ningún tipo de pesticida.

Los Hongos

En el año 2007, cuando muchos de los primeros árboles sembrados ya tenían 15 años de edad, y unos 5 metros de altura, se nos presentó una importante mortandad en ellos.

Parte de los árboles muertos en el año 2007

arboles-muertos

Investigando las causas del problema, por instrucciones y bajo la dirección de nuestro buen amigo y experto forestal, el Ing. Manuel Víquez Carazo, de Mundo Forestal cortamos en distintas secciones diversos árboles muertos, encontrando una causa común: la presencia de hongos que se habían introducido en los árboles desde puntos de poda, hechos muchos años atrás cuando los árboles eran aún bastante pequeños, y, desde ahí se habían ido extendiendo hacia el resto del árbol.

Notándonos un tanto abatidos, mientras veíamos los distintos árboles muertos, Manuel nos hizo un comentario muy atinado: “¿Deseas tener bosque? Bueno, pues la muerte es parte de la dinámica natural del bosque… siempre verás árboles morir, mientras otros árboles van naciendo y creciendo”. Así es que… ¡a seguir adelante!

Ahora bien, ¿Por qué tardó tanto tiempo este problema en aflorar? ¿Por qué estuvo el problema latente y se manifestó en forma tan explosiva en ese año? En criterio de Manuel, la razón tuvo que ver con la edad y etapa de desarrollo de los árboles. Ese año muchos de los árboles alcanzaron una edad en la cual florecieron y produjeron frutos y semillas en abundancia, todo lo cual demandó una gran cantidad de energía de parte de ellos, debilitando sus defensas para el combate contra los hongos.

Aunque un poco tarde y dolorosamente, aprendimos la lección del gran cuidado que debe tenerse al podar cualquier árbol; de hacerlo con sierras, y, nunca con machete, tal como nosotros lo habíamos hecho por desconocimiento. Asimismo, de hacerlo durante la estación seca, no en la estación lluviosa, y, finalmente, de “curar” los puntos de poda recién realizados con los productos fungicidas adecuados.

Especies exóticas invasivas

Transcurridos más de 20 años desde el inicio del proyecto, y habiendo alcanzado la etapa en la cual hemos permitido la regeneración natural de la cobertura vegetal bajos los árboles sembrados, se ha hecho evidente otra situación negativa: la invasión de la cobertura vegetal por parte de especies exóticas introducidas por nosotros mismos años atrás, tal como es el caso específico de la especie forestal del Nim (Azadirachta indica).

El Nim es un árbol originario de la India, y desde ahí ha sido introducido en muchos otros países. A Costa Rica, y muy particularmente a la provincia de Guanacaste, llegó desde Nicaragua, donde se le ha sembrado intensamente para aprovechar sus diversas bondades.

Se trata de una bellísima especie forestal, de extraordinarias propiedades, pero…¿Cuál es el objetivo? ¿Deseamos establecer una plantación de árboles de Nim? ó, ¿Deseamos promover una restauración forestal integral propia del Bosque Tropical Seco? En nuestro caso, la respuesta es la segunda, y, el Nim está demostrando comportarse como una especie forestal altamente invasiva que obliga a tomar las acciones del caso.

Dada la belleza y valor de esta extraordinaria especie, lo que estamos considerando es confinarlo a unas pocas áreas bien delimitadas en el proyecto, pero, ir eliminando selectivamente los árboles aislados que fueron sembrados en medio de especies nativas, a fin de evitar que estos impidan una recuperación del bosque nativo.

Esta experiencia nos enseñó la gran importancia de abstenerse de introducir especies exóticas, por más atractivas que parezcan, si lo que se desea es una restauración forestal integral con especies nativas.

Miles de arbolitos de Nim creciendo bajo los árboles adultos y también a cierta distancia de ellos.

arbolitos-nim