Incursionando en la historia, encontramos que los indígenas taínos, cuya presencia en las islas del Mar Caribe se remonta muchos siglos atrás antes de la llegada de los españoles a América, conocieron y aprovecharon las bondades de la madera del guayacán real, atribuyéndole adicionalmente propiedades curativas a su aceite natural, el guayacol, por lo que la utilización de esta especie forestal formaba parte de su cultura.

Se reporta que pruebas al carbono, efectuadas a finales del siglo pasado, en postes de  antiguas viviendas utilizadas por los taínos en la Isla de Santo Tomás (al este de Puerto Rico) revelaron una antigüedad de 800 años, confirmando así su pertenencia a la época pre-hispánica.  Asimismo, se han encontrado asientos, esculpidos en madera de guayacán real, utilizados por los taínos en sus ceremonias religiosas.

¡Esta es la realidad que encontraron Cristóbal Colón y sus hombres al llegar a las islas del Mar Caribe, a finales del siglo XV, y establecer contacto con los indígenas taínos!

¡Cómo resistir a la tentación de preguntarnos si, luego de aquel histórico ¡Tierra a la vista! pronunciado con indescriptible emoción el 12 de octubre de 1492, ante los ojos de aquellos hombres se habrán ido perfilando algunos guayacanes reales, con su intenso color verde,  conforme las embarcaciones se aproximaban a tierra, mientras el mar cedía su color azul obscuro al bellísimo color turquesa, a través del cual se puede apreciar el fondo marino de blancas arenas en estas paradisíacas islas!

Paradisíaco archipiélago de las Bahamas, donde se encuentra la isla Guanahani, donde Cristóbal Colón y sus hombres hicieron su primer desembarco, llamándola con el nombre de San Salvador.

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Recordemos lo acontecido: más de dos meses habían transcurrido desde la partida de Puerto de Palos… y más de un mes después del reinicio de su viaje tras la escala en las Islas Canarias…  Destino incierto… Intentos de motín…  ¡Ya había transcurrido demasiado tiempo y no se veía nada más que mar y más mar, día tras día, semana tras semana!…  ¿Estará Colón errado?  ¿Tendrá sentido todo esto?  Ultimátum a Colón: si en tres días no se divisa tierra, se emprenderá el viaje de regreso a España, con o sin su consentimiento… Y…  de pronto, dentro del plazo concedido…  en lo que ya era la última oportunidad que tenía Colón para demostrar que estaba en lo correcto…  ¡Tierra a la vista!  ¡Si, tierra con abundancia de guayacanes reales!

Los navegantes europeos descubrieron así, en el Nuevo Mundo,  una madera de extraordinarias características mecánicas, a la cual los pobladores nativos le atribuían adicionalmente valiosas propiedades curativas, todo lo cual la hacía idónea para sus requerimientos.

Es por lo anterior que no es de extrañar que la madera del guayacán real formara parte de las primeras exportaciones del Nuevo Mundoal continente europeo, de lo cual dan fe registros históricos del año 1508.

Sin embargo, a pesar de las inmensas bondades mecánicas de la madera del guayacán real, más que éstas, fueron las propiedades curativas atribuidas al guayacol, las que incrementaron en forma totalmente desmedida la tala de esta especie, y, el traslado de la madera cortada hasta Europa –y posteriormente a otras regiones del mundo-  llevándola casi al borde de la extinción.

El guayacán real, que antiguamente se encontraba en abundancia en su hábitat natural, ha llegado a desaparecer por completo, o bien, a ser extraordinariamente escaso, en muchas islas del Caribe, así como en varios países continentales donde habitó.

Con, o sin, fundamento, dentro de las propiedades curativas que los indígenas taínos atribuían al guayacol, la más trascendente de ellas resultó ser su empleo como tratamiento contra la enfermedad venérea de la sífilis.

Dada la presencia de la sífilis en Europa, de cuya preocupación estos mismos navegantes no estaban exentos, esta resultó ser una noticia de absoluta relevancia para los españoles, que de inmediato corrieron la noticia e iniciaron el traslado de la madera a través del Océano Atlántico.

Es así como el guayacol formó parte de la primera medicación desarrollada en Europa contra esta enfermedad, la cual seguiría siendo, hasta el año 1909, uno de los dos tratamientos contra la sífilis.  ¿Era el guayacol realmente eficaz para este tratamiento? ¡Aún se debate al respecto!  Afortunadamente, la penicilina, y, posteriormente, diversos antibióticos, sustituirían su lugar –con mucho mayor éxito- en el Siglo XX.

Las epidemias de sífilis, que golpearon a Europa en forma inclemente en los siglos siguientes a la llegada de Colón y sus hombres a América, derivaron en una demanda desproporcionada e irracional sobre el guayacán real.  Como anecdóticamente lo señalan nuestros queridos amigos de El Mundo Forestal, la sífilis se convirtió así en la primera enfermedad de la especie humana que mató masivamente a una especie forestal, hasta llevarla casi al borde de la extinción.

Como resultado de todo lo anterior, a diferencia de todas las demás  maderas, las cuales se comercializaban por volumen, el guayacán real se comercializaba por peso, alcanzando su precio un valor “por las nubes”:  siete coronas de oro por libra, haciendo de la corta y venta de la madera de guayacán real un negocio sumamente lucrativo.

Con el paso del tiempo, el destino de esta madera caribeña no se limitaría únicamente al continente europeo, sino que se extendería también al Asia y al resto del mundo, dadas sus cualidades.

De acuerdo a los registros del CITES, Japón, Alemania, China y Estados Unidos de América, encabezaron la lista de los países importadores de madera de guayacán real hacia finales del siglo XX.  A partir de 1979, México figura como el único país exportador, registrándose en algunos otros países re-exportaciones de guayacán real de origen mexicano.  El registro histórico más antiguo del CITES, del año 1978, corresponde a una gran exportación realizada por Costa Rica, con un volumen de 101 m3 de madera.